martes, 1 de diciembre de 2009

Herencia petrolera



Debo admitir que la noticia no me tomó por sorpresa, teníamos como ejemplo lo hecho con ENTEL un año atrás. Y hacía ya varios meses se venía rumoreando en la empresa que nosotros también correríamos con la misma suerte. Nunca peor aplicado ese adjetivo, nada de suerte, era por el contrario una total desgracia. Sin embargo un tanto incrédulo, o por iluso, yo hacía oídos sordos a esos cuchicheos. A mi favor tenía la pura lógica, ya que sería totalmente irracional en nuestro caso, llevar a cabo lo hecho con las telefónicas.
Por eso ante cada compañero que me decía “ya vas a ver, van a terminar vendiéndonos a nosotros también” mi respuesta era negativa y me defendía repitiéndoles una y otra vez “¡YPF es distinta a las demás, nunca van a poder venderla, YPF es como… Argentina!”.
Pero claro, que les importaba a ellos que YPF fuera distinta, que nosotros los trabajadores la sintiéramos como propia, y que encontráramos en la planta de Ensenada, nuestro segundo hogar. Si con tal de llenarse los bolsillos de plata y defender el nuevo modelo económico, eran capaces de vender hasta el Cabildo.
Hacía veinte años que trabajaba en la planta, la mitad de mi vida dedicada a una de las primeras empresas estatales. Su nombre YPF, Yacimientos Petrolíferos Fiscales, creada por el general Moscón en 1922, y desde entonces abasteciendo de combustible a toda la Argentina y exportando mundialmente y con éxito sus productos.
En diciembre de 1925 se inauguró en Ensenada la refinería de YPF. Al poco tiempo mis padres dejaron la capital, para mudarse a las afueras de La Plata. Para luego Papá comenzar a trabajar en la reciente planta. Así fue que desde chico escuchando al viejo hablar de YPF y lo que esta significaba para el país, comencé a quererla. En plena adolescencia solía acompañar a Papá a la planta, y poco a poco empezaba a familiarizarme con Ensenada y me imaginaba en un futuro siguiendo los mismos pasos de mi padre.
Así fue que no lo dudé ni un segundo, terminé el secundario y arranqué a trabajar en YPF con mi viejo. Estudiando por la tarde y laburando por la mañana pasé más de siete años, hasta lograr recibirme. Ahora sí con el título conseguí el ascenso tan deseado en la empresa. A la misma vez que Papá se jubilaba.
Con el paso de los años logré formar mi familia, e incluso quise inculcarle a mi hijo el cariño por la planta de Ensenada, aunque sin el éxito logrado por mi padre conmigo. A todo esto, mi imagen en la empresa, y mi desempeño laboral, sumados a la trayectoria familia en la refinería me colocaban en un lugar privilegiado en YPF. Sin aspirar a tanto me convertí en un referente de mis compañeros, y en la voz de mando de los trabajadores de la planta.
Por ello mismo ante los rumores de venta fui a hablar personalmente con los directivos. Estos me dijeron que me tranquilizara, y que no armáramos alboroto. Pero nada me dijeron, sobre lo que ello preguntaba, por el futuro de la empresa.
Sin duda el hecho de no negarme la venta, dejaba a las claras la existencia de ésta como una opción más que valida para el futuro de YPF. Así fue que sin saber claramente que medidas tomar, les comuniqué lo ocurrido a mis compañeros, admitiendo ahora sí por primera vez, que la privatización de YPF era casi un hecho.
De común acuerdo entre todos, y sabiendo los costos que dicha operación podía causarnos a los empleados, comenzamos a protestar contra la privatización de nuestra YPF.
Fueron meses de lucha, huelga, y movilizaciones, todas estas encabezadas por mí. Buscando entre todos los compañeros buscando un único objetivo, defender la empresa nacional y nuestros puestos de trabajo.
Pero nuestros reclamos y nuestras voces, no eran escuchados. Ningún líder sindical, hacía caso a nuestros pedidos, y en los medios de comunicación, se bastardeaban a las empresas estatales, y se pedía a gritos por sus privatizaciones.
El final anunciado sucedió, y en los primeros años de la década de 90 YPF pasó a ser una sociedad anónima, la privatización estaba consumada, y junto con ella, una ola de despidos que ninguna indemnización lograría subsanar.
A tres meses de mi despido, aún no encuentro trabajo. El haber liderado una campaña contra las metodologías básicas de este gobierno, me hace pagar las consecuencias. Hoy tenía pensado ir al geriátrico a visitar al viejo, él está muy mayor ya, no entiende nada de neoliberalismo y apertura de mercados, no sabe lo que nos espera. Todavía no se si le voy a contar lo que pasó con YPF. Finalmente voy a verlo, lo saludo con un beso y lo miro a los ojos, él me pregunta rápidamente por el trabajo, cómo andaba la planta. Ahora sí no lo dudo, le miento. ¡Bien viejito, con algunos problemas, pero todo va a salir bien! Total yo se que algún día YPF volverá a ser del estado, volverá a ser Argentina.

Ignacio Gordillo Fernández

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