
Los doscientos años de historia que la Argentina esta próxima a cumplir, desde aquel 25 de mayo de 1810 en el cabildo, a la actualidad, pueden verse reflejados perfectamente, y con gran cantidad de detalles, sin recurrir a ningún libro de historia.
El repaso del bicentenario argentino merece ser llevado a cabo a través de sus escritores, de sus poetas. De Sarmiento a Walsh, de Lugones a Arlt o de José Hernández a Borges, por citar solo algunos ejemplos.
La historia la escriben los protagonistas, y en muchos casos son ellos mismos quienes nos relatan a través de sus obras.
Cada autor que se lea estará contando su verdad, por ello se invita a atravesar todos los estilos literarios, y todos los credos o ideologías posibles, para así uno mismo pueda lograr forjar su pensamiento u opinión, luego de haberse empapado tanto con textos de quien más admira, a quien menos simpatiza.
Un hecho que sin dudas ha marcado a la sociedad es la Guerra de Malvinas. Con un gobierno dictatorial, que uso el terror como su mayor arma y cuando esta se vio superada y no alcanzaba ya, la amenaza para hacer callar las voces de justicia. Es que en las noches de alcohol y tejiendo alianzas invisibles, el presidente y comandante en jefe Galtieri, decide invadir las Islas Malvinas, para así devolverlas a su dueño original, que es nuestro país. Pero por sobre todo más importante para el alcoholizado presidente, lograr con este ficcional triunfo bélico, perpetuarse en el poder.
En este contexto, es que el sociólogo de la Universidad de Buenos Aires, Rodolfo Fogwill decide escribir “Los Pichiciegos”. En esta novela, el escritor plantea desde un primer momento y a lo largo de toda la obra, la absoluta imposibilidad de conseguir un triunfo por parte de la Argentina, reflejando con extrema minuciosidad, las diferencias con las cuales unos y otros se predisponían a combatir. Mostrando al ejército inglés como organizado, tenaz y destructivo, capaz de llevar a cabo cualquier acción, con el claro objetivo de ganar la guerra. Mientras que por el otro lado, Fogwill nos da a conocer a un grupo de no combatientes argentinos, autodenominados “los pichiciegos”. Estos soldados, con un alto grado de supervivencia personal y mezquindad a la vez, se refugiaban bajo tierra para huir de una guerra que no los representaba. Capaces con tal de sobrevivir, de llevar a cabo la traición al bando argentino, y solo teniendo como objetivo común, la supervivencia.
En este campamento subterráneo pueden observarse soldados de todo el país, y en la convivencia muchas veces agresiva, como a la vez solidaria, puede encontrarse un fiel reflejo de lo que puede llegar a ser nuestra sociedad.
Finalmente y como si su historia ya estuviera fijada de antemano, todos a excepción de uno de “los pichiciegos”, mueren sin siquiera haber combatido. Lo cual demuestra a la perfección la verdadera crueldad de esta guerra, que no se encontraba justamente en los campos de batalla sino en la inconsistente idea de enfrentar a una superpotencia bélica. Sin más armas que una invasión certera y por sorpresa, dejando como víctimas morales a toda una generación.
Por su parte y abarcando sin dudas una época vital para la sociedad argentina, como lo fue el nacimiento del peronismo, los escritores argentinos: Jorge Luís Borges y Adolfo Bioy Casares, escriben conjuntamente en el año 1947 un cuento titulado “La fiesta del monstruo”.
En dicho texto los autores narran en primera persona (la de un militante peronista), el viaje que un grupo de compañeros realizan hacia la Plaza de Mayo para escuchar a su líder. En este relato los escritores dejan entrever su profundo resentimiento de odio, que tenían para con el movimiento político liderado por Juan Domingo Perón.
Se lleva acabo en este cuento, una caricaturización de los fanáticos peronistas, con un altísimo grado de discriminación y exacerbación de todos los actos que la “turba peronista” como los denomina, lleva a cabo en su marcha a la Capital. Asesinando en dicho viaje a un judío que osó a no rendirle homenaje a Perón, como la turba se lo había exigido.
Sin lugar a dudas, y como más tarde el mismo Bioy lo admitiera, el texto fue realizado bajo un profundo odio, que esta clase de intelectuales (Bioy Casares, Borges, Cortazar) sentían por el movimiento de masas más importante de toda la historia argentina, y las reivindicaciones que este llevaba a cabo.
Con los textos comentados, se reflejan apenas dos situaciones de las tantas que marcarían al pueblo argentino en toda su historia. Y así como estos también ejemplifican, las variantes ideológicas y sociales, que nos llevan hoy a entender quiénes somos.
Ignacio Gordillo Fernández
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